La crítica de “Ocio y más Madrid”.

Brutal. Así comenzamos esta reseña del montaje teatral “Días de vino y rosas”, versión en español de David Serrano -un nombre al que siempre va asociado el éxito en toda aventura escénica en la que se embarca- cuya dirección corre a cargo de José Luis Sáiz.

Nos encontramos con uno de los grandes descubrimientos de la temporada. El desgarro y la catarsis preside este descenso a los infiernos. No diremos que Marcial Álvarez (Luis) es nuestro “Jack Lemmon” nacional (protagonista de la versión cinematográfica dirigida por Blake Edwards en 1958) porque ambos actores son geniales, se encuentran al mismo nivel y nos regalan -a los que amamos el teatro y el cine- una interpretación sublime.

Marcial Álvarez se convierte en uno de los mejores intérpretes que pisan actualmente la escena madrileña. Su evolución a lo largo de la representación da fe de los muchos “Luises” que habitan en él: desde el relaciones públicas estresado en el aeropuerto, hasta el amante esposo, pasando por el monstruo desatado por el alcohol hasta el padre enternecido por la sobriedad y la curación.

El dominio gestual, su caminar dubitativo y peligroso producto de la ebriedad y su dolorosa agresividad nos encogía el corazón desde la butaca. Queremos ver más a Marcial Álvarez sobre las tablas.

Su partenaire, Cristina Charro (Sandra), ejerce de compañera perfecta aportando al comienzo de la historia la vitalidad de una mujer con sueños, elegancia y seguridad que traza un futuro bucólico en Nueva York, para dar paso a una enferma que pierde la dignidad pero que también nos recuerda algo esperanzador: que esa dignidad se puede recuperar. Como actriz nos brinda un “tour de force” interpretativo presidido por la generosidad. Sus cambios de vestuario -obra de Lupe Valero- contribuyen a comprender su deterioro, a contextualizar cómo se asoma al abismo de puntillas y cómo se derrumba, en caída libre. Sandra lidia con los sentimientos y con la emoción, con la resaca de un pasado feliz, recordándonos que son muchos y muchas los que pueden entrar en una espiral de autodestrucción.

“Días de vino y rosas” es una obra terapéutica para las personas que son o han sido alcohólicas, y para los que no sirve para empatizar y comprender que no hablamos de viciosos o débiles: que los alcohólicos deben lidiar con decisiones netamente complicadas y que para su curación se ven inmersos en un proceso introspectivo denso y oscuro, con lodo y fango, pero que con el apoyo y respaldo adecuado les permitirá acariciar la paz, las rosas sin espinas.