La crítica de “Ocio y más Madrid”.

Billy Elliot nos recuerda que la felicidad no la hallamos donde nos dicen que está, sino donde la encontramos. Billy Elliot nos transmite que si identificamos nuestros sueños, hay que luchar por ellos, no renunciar, pese a quien pese, sean cuales sean las consecuencias.

Billy, huérfano de madre, vive en una ciudad en el norte de Inglaterra en la que el boxeo es seña de identidad de la masculinidad. Los convulsos años de la crisis de la industria minera marcan un contexto en el que prima el sobrevivir sin tomar en consideración la pasión del niño por el ballet, quien desea ser aceptado como alumno de la Royal Ballet School.

Billy Elliot nos da una lección de vida, de cómo evitar la frustración y nos enseña que sacrificarnos por quienes queremos no es una muestra de amor, sino todo lo contrario: es una injusticia que engendra dolor y una esclavitud, convirtiéndonos en alguien que no somos.

Las canciones y los bailes nos trasmiten energía, positividad, alegría de vivir y verbalizan la recompensa que procede del duro esfuerzo personal de superación y de ignorar “el que dirán”. La estupidez y la ignorancia de los otros no debe convertirnos en el blanco perfecto de sus comentarios hirientes puesto que Billy solamente quiere bailar. Nada más y nada menos.

El ingenio presente en los diálogos permite superar prejuicios, exhibiendo unos argumentos irrebatibles. El elenco, perfecto en cada uno de sus personajes, transmite humanidad, verdad y confianza en uno mismo en esta adaptación que llegó a nuestras carteleras de la mano de David Serrano, genio que convierte en éxito cada espectáculo en el que está presente.

En definitiva, Billy Elliot ofrece esperanzas y empatía: da voz a todos aquellos que no se quedan en su zona de confort, en una vida gris y mediocre y apuestan por el Carpe Diem.

“Billy Elliot” se representa en el Nuevo Teatro Alcalá de Madrid.