La crítica de “Ocio y más Madrid”.

Múltiples cuerdas pueblan el escenario en “Wasted” -obra escrita por la rapera y poetisa inglesa Kate Tempest, representada en el Teatro Fernán Gómez- al final de las cuales vemos sacos que, como si de una metáfora conceptual se tratase, lastran el presente y el futuro de los protagonistas, anclados en el pasado por la muerte de un amigo de la infancia, Toni. María San Miguel dirige esta (nueva) adaptación en la que tres jóvenes buscan el sentido de la vida, el abandonar una zona de confort vana, hueca, en una huida hacia adelante plagada de reproches, exigiendo una lección de valentía, evadiéndose de una anestesiante cobardía.

Edu (Javier Amann), Dani (Mariano Estudillo) y Carlota (Nakarey), en un salto al vacío hacia una desasosegante madurez, escudriñan su identidad personal y pretenden conquistar sus anhelados sueños. La incertidumbre laboral, las drogas, las relaciones sentimentales complicadas, la dictadura de la inmediatez, del “postureo”, del voraz Instagram que retrata una felicidad fingida o el descafeinado encanto de la vida en pareja monótona, son algunas de las realidades que definen a las nuevas generaciones. Pero desde nuestra butaca descubrimos que los jóvenes de ahora se enfrentan a los mismos miedos y frustraciones de antaño, actualizados en su forma, pero no en su contenido. Los sentimientos no son patrimonio exclusivo ni de una década ni de un siglo ni de una edad: únicamente se matizan y se materializan de un modo u otro, en un bucle cíclico y sempiterno.

Dani alude desde el comienzo de la representación a las “epifanías” que le invaden, revelaciones a las que otorga un sentido holístico a través de las cuales pretende transformar su modo de vida. Pero se quedan en buenos propósitos, en loables intenciones que no logra materializar, con su grupo de música que no triunfa, que no gusta, esperando que una marca patrocine su éxito.

Su amigo Edu es el artífice de nuevas “epifanías”: desde una sinceridad hiriente le explica a Dani que como músico no sirve y que como pareja tampoco lo hará si no lucha por Carlota. Ésta última, desde cierta pretenciosidad condescendiente, construye un cosmos alternativo cuyo “Macguffin” es la compra de un billete de avión -que bien podría haber sido otro pretexto- abandonando su trabajo como profesora para volver a él como vocación reencontrada.

En definitiva, “Wasted” nos recuerda que la resolución de conflictos y de crisis personales enconadas resulta decisiva para hallar nuestro camino, el cual se encuentra jalonado de etapas -algunas de ellas ingratas- que conformarán, en definitiva, nuestro proyecto de vida en el cual deben estar presentes como compañeros de viaje nuestros mejores amigos.